domingo, 2 de diciembre de 2007

Detras de las palabras

Detrás de las palabras por Mariano Mariani

De las palabras para adelante un gran edificio uno puede construir, hilvanando de puntos arbitrarios una rígida cadena de argumentaciones, una inmensa morada tautológica. Eso si se cuenta con rigor y coherencia argumentativa. También existe una habilidad que no necesita tanto de estas cualidades, elocuencia, demagogia, arte del convencimiento, no se bien que nombre tendrá, pero es el mecanicismo por el cual, sin verdad o razón, se logra a través de “lindos enunciados” convencer al escucha que las palabras son verdadera, evitémonos de caer en esa trampa. Otra manera que es muy corriente hoy en día es la de hablar totalmente sin razón y sin sentido, hablar por el echo de hablar, hablar sin objeto, se podría llamar de muchas maneras, pero básicamente es usar nuestra capacidad de emitir palabras desconectada de nuestro entendimiento, ni siquiera los loros tienen esta cualidad pues ellos lo hacen por imitación, el hablar por hablar no tiene ningún objeto, quizás solo el de mostrarse o llenar un tiempo de silencio. Pero de las palabras para atrás se suele hacer poco uso, solo en algunos ambientes y en pocas personas he visto esta exigencia. Consiste en tratar de no dar palabra sin antes pensar en su sentido profundo y preciso. Creo que es una exigencia a la cual nos debemos todos pero en especial los que estén destinados a la comunicación pues no me importaría si el verdulero de la esquina no me define y me aclara sus términos, aunque seria un privilegio contar con un verdulero con tal capacidad. Muchos de los errores y ficciones en los cuales caemos en ocasiones son por no tener un mínimo de claridad en los términos que acuñamos, lo cual también nos lleva a una incomunicación y discordia pues comenzamos nuestros discursos suponiendo gran cantidad de significados. Pero no me refiero a una empresa excautiva pues esta no se presenta viable ni beneficiosa. Cualquiera que pueda comprender esta falencia actual puede entorpecer cualquier discurso y encontrar fisuras en cualquier manifestación. Pero si es menester poner luz a palabras claves sobre las cuales se monta toda una arquitectura y en torno a la cual se configura nuestro accionar, pensar y sentir. Pensemos algunas, la primera que se me presenta es VERDAD, cuando uno usa esta palabra ¿a que hace referencia? ¿qué entiende uno por verdad? Y la palabra BIEN, ¿con cuantas maneras y representaciones se la vincula? Sumemos otra, INTELIGENCIA, quien puede decir honestamente como utiliza esta palabra, y digo “utiliza” por que en el uso se manifiesta su sentido profundo, salvo que caigamos en decir una cosa y hacer otra, que también es un gran flagelo.
Seguramente se presentaran muchas mas y quizás con gran peso en nuestra manera de concebirnos y de concebir las cosas. A lo que apelo es a que meditemos minimamente sobre estas palabras y quizás nos demos cuenta en la contradicción en la que caemos en su utilización. Además, y lo mas importante, precavernos de la seudo ingenuidad que hay en ellas, detrás de las palabras hay toda una manera de comprender la realidad, el hombre y nuestro tiempo si olvidamos esto viviremos en gran parte sin autenticidad. Detrás de las palabras están las cosas y hacia ellas debemos dirigir nuestras miradas. Si nos quedamos en las palabras…solo loros y como dije antes quizás ni loros.

2 comentarios:

Juan Ignacio Lugli (Nacho) dijo...

A raíz de todo ésto me atrevo a preguntar: ¿puede una Palabra enunciar lo real? ... Un término, quizás, no. Pero, reitero: ¿Una Palabra? Pues, hay formas y formas de armar la Palabra.
Pienso en aquel Logos que hace ser a las cosas y de múltiples maneras las enuncia, aquel que nombra a las cosas como tales. ¿Puede ser esto posible? ¿O es que acaso no podemos decir nada de "algo"? Tal vez. Pero, entonces ... ¿para qué las palabras?

Silvina Carraud dijo...

Borges, en su poema "El golem" sugiere el nombre como la cosa y la experiencia misma:
Si (como afirma el griego en el Cratilo)el nombre es arquetipo de la cosa en las letras de ‘rosa’ está la rosa y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo’.