martes, 20 de noviembre de 2007

Breve comentario a "El Mudo"

Encontrándome una mañana tranquila en mi habitación, como de costumbre, preocupado por el contenido a tratar en la próxima clase del miércoles de Ética Profesional, me dirigí a pensar a cerca de la fuerza y el potente desarrollo avasallador de las nuevas formas de poder que se canalizan a través de los impulsos economicistas incontenibles y del avance desmedido de la tecnología, y la relación de servidumbre que estamos teniendo con los objetos técnicos, así como al hecho de ya habernos habituado a que las “relaciones de producción” determinen toda relación "natural-social".

Tirando una “braceada” como para no ahogarme, manotéo El Mudo (*). Allí, en sus primeras páginas encontré un poco de aire y sentí, luego, la necesidad de tratar de comprenderlo y explicarlo para mí mismo. Tal vez, para comenzar a escucharlo.

Hoy se me presenta la oportunidad de poder compartir este comentario, y sin ser literato me arriesgo y los invito a Uds., queridos amigos, a participar de ello. Necesitamos pensar juntos.

A continuación, presentamos las primeras líneas del cuento.

"Por la boca de los paisanos de un paraje montés corr un historia y nadie duda de su veracidad.

En esas tirras casi solitarias existió hace muchos años un hombre conocido con el apodo de 'El Mudo'. Siempre había sido de pocas palabras pero éstas se fueron acallando de forma lenta. Hasta que un día no habló más. Pasaron los años y el mudo se volvió un persona aceptada y querida por grandes y chicos; de las flores de su corazón emergían sonrisa y bondad. No era sordo, simplemente mudo.”

Esto último, por nosotros subrayado, que señala la actitud voluntaria del personaje central sobre el cual aquí reflexionamos, denota claramente una actitud vital para la experiencia humana, sea cual sea el ámbito en que el hombre se desenvuelva.

Todo análisis actual de la situación real en la que nos hallamos tiene que comenzar a pensar y repensar los “casos” que se nos presentan en su puridad originaria propia de una realidad emergente, reconociendo lo que son al momento en que se nos muestran y sin partir de juicios a priori, con la ambición constante de determinar lo aparecido. La actitud silenciosa y receptiva y no tanto discursiva y determinante que caracteriza al Mudo, revela y nos indica la necesidad de dejar que las cosas nos hablen, manteniéndonos "ex-pectantes" en despierta atención, para luego intervenir "en, con y desde" ellas al momento de sentar los fundamentos de toda "forma" de vida. Así pues, no se trata de acuñar y partir de meras teoría ya armadas, sino de comenzar a desplegar la inteligibilidad del mundo tal cual se nos presenta.

“…A veces lo veían mirando el cielo estrellado en los paisajes mas agrestes y desolados. Tocaba los árboles y ponía los oídos en los troncos, para oír quien sabe qué cosas. Su patrón le había encargado el cuidado de los animales, por la diligencia que ponía en dicha tarea; estos le conocían.

Se cuenta también que de tanto en tanto, cuando el dueño de la estancia iba a la ciudad, le traía algunos libros. Poetas, novelistas, historiadores, y dos filósofos, en algunos aspectos muy distantes entre sí, en otros con conexiones secretas: Schopenhauer y Bergson. Pocos libros.”

Teniendo en cuenta lo que hemos dicho anteriormente y a partir de éste pasaje del cuento, esta apertura primaria que requiere todo análisis y toda especulación supone un replanteamiento de la relación del hombre con la Naturaleza y con el Mundo. El Mudo nos presenta, un modo de experiencia muy peculiar. El Mudo mora en la cercanía de la Physis (Naturaleza) y deja que todas su fuerzas vivas sean ellas mismas en él. De esta experiencia natural no se ha de desprenderse el hombre. Allí mantiene su continuidad con lo elemental y descubre la grandeza de la existencia en todos sus aspectos, dejando que fluya. El Mudo revela la participación intrínseca y esencial del hombre con su mundo, sin ningún tipo de desdoblamiento determinante; éste permanece hermanado al “mundo natural”: “estos le conocían”. Valga aquí, el reconocimiento a esta experiencia vital y su importancia que tiene en toda proyección humana en el mundo.

La mención directa, así como la relación que podemos encontrar entre ellos, de filósofos como Bergson y Schopenhauer, nos dice algo respecto de aquella actitud vital. Actitud intuitiva que prima sobre toda forma de “representación” y “esquematización” posterior y separada de la realidad vital, y que encuentra en sí misma su razón de ser y que lo manifiesta permanentemente en sus “creaciones” maravillosas, desconceptualizando siempre toda realidad por medio de una especie de potente “impulso (élam) volitivo”.

Ahora un poco a la distancia puedo reconocer que aquella intensa noche del sábado 9 de noviembre, en Irazusta, estuvo el Mudo acompañándonos. Era una noche estrellada y de cielo grande. Y creo que su murmullo fue lo último que escuchamos aquel día.

(*) Quizás muchos no sepan de él, por ello, de pasada nomás, les comento que se trata de una obra publicada del Prof. Máximo, que recopila una serie de cuentos que ha ido presentando, en diversas oportunidades, en una comunidad virtual de cuenteros (www.loscuentos.net; su seudónimo es Islero).

6 comentarios:

Eugenio Valiero dijo...

Ignacio:
La verdad es que nosotros hemos tenido el honor de recibir fragmentos del cuento de Máximo, venidos de su propia voz. Es realmente maravilloso.Sabio. Confieso que en este momento no puedo dejar de sentirme miserable. Por varios motivos. No tengo ni la inteligencia de Máximo ni la tuya. Y me averguenzo por traicionar el único pensamiento cabal que pudiera asistirme. El ser humano es básicamente un ser de discurso. Eso nos hace impulsivos, por no decir verborrágicos. Pero muchas veces es mejor ser mudo. Para hablar es necesario tener algo que comunicar, algo importante que decir (insisto con mi vergüenza). El problema es que lo verdaderamente importante parece ya dicho por otros o por la naturaleza que se ha encargado de ello. Ahora también me siento un atrevido, se comprende?. No quisiera avenzar...

Máximo Chaparro dijo...

Eugenio, chamigo, ¡sós una alma grande y valiosa! El que puede considerarse y sentirse miserable es porue es un alma profunda. El mediocre cree que es honrado, que no comete mal a nadie, ¡y que él esta salvado!.

El comentario de Nacho, al Mudo, un personaje del interior de Entre Ríos, creo yo, es inteligente. Y ayuda a entendme mejor.

Y tus palabras, Eugenio, me llenan de emoción, como seguramente le pasará a Nacho, cuando te lea! Máximo

Juan Ignacio Lugli (Nacho) dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Juan Ignacio Lugli (Nacho) dijo...

Eugenio, reitero y te pido que leas una y otra vez el comentario de Máximo y sobre todo el primer párrafo.
Mi problema ahora: ¿cómo explicar semejante emoción a la que ya suponía Maximo?! Gracias. En verdad muy emocionado, palabras como esas calan hondo en uno y son causas de experiencias internas incomunicables. Pero confieso que tu comentario nos ha hecho pensar y que mi demora en responderte no fue arbitraria.
Tal como nos da a entender nuestro Amigo, parece que en el orden humano es propio el sentimiento de miseria de aquellos que poseen una cierta grandeza interior.
"El ser humano es básicamente un ser de discurso. Eso nos hace impulsivos, por no decir verborrágicos." ¡De acuerdo "hermano" con esto que decís!,y pues, si indagamos bien hondo en su significaciones posibles nos queda más claro. Pero el "discurso" que aquí tanto deseamos y del que sólo estamos preparados, quizás, no es aquel de las "academias" cargadas de conceptualizaciones que nada dice de lo real, de lo que nos acontece. Si no me equivoco, si hablamos "aquí y ahora" de Discurso, tiene que ser aquel que se acerque a lo que los griegos llamaban "Logos". Máximo, más que nadie, puede ayudarnos en esto. Pienso en un Discurso emitido por sabios, pero sabios que se alimentan de la experiencia vivida (del "mudo de la vida", se dirá), y no tanto de principios y conclusiones científico-filosóficas meramente formales y abstractas.
Me viene justamente a la memoria algo que leí una vez de Homero Manzi, y tomando sus palabras me decía que necesitamos "letras para los hombres, antes que hombres de letras".
Un abrazo, Eugenio.

Eugenio Valiero dijo...

Ignacio:
He leido el comentario de Máximo. En extremo generoso, no te parece?
Pero estoy plenamente seguro que ante su figura (y no intento practicar falsa modestia), soy un impostor.
Gracias por tus palabras.

Escritores de Basavilbaso dijo...

Estoy escuchando el homenaje a Osvaldo Miranda, premio a la Trayectoria del grupo Clarín.
"Quien se crea el mejor, es el más mediocre". Sabias palabras de un hombre de 90 años.
Muchas cosas, personas, paisajes, hechos, nos dejan mudos o nos inducen a quedarnos mudos. Por asombro, por dolor, por alegría, por injustica, podemos quedar mudos, pero nunca quedemos inertes ante ello. Nuestro análisis de la vida, nuestra experiencia rica de seres pensantes, de profesionales de la educación tiene que permitirnos el discurso medido y la acción justa.